«ENTRE EL TIRAMUTO Y LAS TETAS»: REINALDO ARIAS AL CORO CELESTIAL

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Thibaldo Mijares Olavarrieta.-

La música y el canto serían el lenguaje de la Filosofía si se pudiera pensar con sonidos y voces melodiosas en vez de palabras simples, la virtud, el estudio y la alegría son tres elementos que no deben vivir separados. Conocí a Reinaldo desde niño junto a ese extraordinario entorno familiar y de amigos sanos, afectivos y talentosos, siempre conjugando esos tres elementos que lo llevaron a ser grande y talentoso. Sin lugar a dudas se va a transitar los caminos de la eternidad un gran artista, un valor nacional, un excelente ser humano, otro preclaro hijo de Tinaco por el cual hoy las entrañas del Tiramuto gimen nuevamente de llanto y dolor.

De su entorno familiar y artístico se nos fue hace varios años en anticipada avanzada nuestro nunca olvidado y gran virtuoso, Pancho Arias, seguramente su mentor quien ha sido designado para recibir en el coro celestial a Reinaldo, para formar un dúo también dispensador de más alegrías en el cielo. Porque cuando la vida da facultades, da junto a ellas responsabilidades y premios hasta en el cielo, pero es que Reinaldo cumplió con creces su misión terrenal y por fortuna nos dejó semilla buena en depósito de las generosas manos de su abnegada esposa Marianela, su gran amor y compañera del camino y de la vida, quien hasta como médico pudo atesorar sus últimos suspiros que seguramente fueron notas y susurros musicales.

La Atenas de Cojedes, los tinaqueros, cojedeños, la música y el canto nacional estamos de duelo. Cómo duele entender los designios del Señor para comprender con conformidad y obediencia su grandeza cuando nos coloca frente al final del camino terrenal que todos vamos a transitar. Reinaldo en ese transitar de vida virtuosa y buena llenó grandes espacios de amor, alegría, amistad, solidaridad que se podrán continuar disfrutando hasta el día que lo volvamos a ver sonriendo, tocando un cuatro y cantando junto a Pancho Arias en un lugar donde no hay penas, llantos ni tristezas, donde ya ocupa un papel estelar.

Por eso dijo Marco Aurelio: “La muerte no es otra cosa que cambiarse a una residencia mejor”. Con profundo sentimiento y afecto familiar para la familia Arias Hernández, Arias Guédez, Hernández Vidal y su semillero de gente buena y profundamente cristiana.

REINALDO ARIAS GUEDEZ Q.E.P.D.    

 

 

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