Columna: TINAQUILLO EN TRES ESCENAS

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Raúl Castellanos Latouche

Periodista & Profesor UC

@raulcastellanos

Escena I. Resignación o acción

Una cosa es la teoría y los efectos de la hiperinflación y otra es vivirla en carne propia, deteriorando directamente la calidad de vida de la población. Este escenario origina que diariamente tengamos que ir sacando de nuestra lista muchas conquistas logradas en el tiempo, no de cosas suntuosas y de confort, sino actividades que forman llevar un modo de vida dentro de medidas normales relacionadas con el acceso a los alimentos, la salud, recreación y descanso. El simple hecho de tener una tarde de paseo o un día de playa en familia, transmutó a una carrera de obstáculos difícil de superar y donde la mayoría de las veces termina con la derrota acuestas. Esto no distingue si eres chavista, madurísta, opositor o “ni-ni”. Es un mal colectivo. Uno de los grandes enigmas y preocupaciones sociales para confrontar este gran problema, es superar la resignación de la gente para recobrarse de estos infortunios. El horizonte de exigencias de la sociedad sometida a este fenómeno, se va reduciendo mansamente con la influencia sostenida del ingrediente político, que refuerza el conformismo en algunas personas, negociando derechos constitucionales para seguir un ciego ideal político o sucumbir al miedo de perder, lo poco “seguro” que supone tiene en la mano. Situación contraria acontece en otros lugares del mundo, donde los ciudadanos luchan constantemente para conquistar sus espacios, los derechos sociales, civiles y políticos, con el propósito se cumplan según el contrato social de cada nación. El ciudadano, en definitiva debe ser activo en el reclamo de sus garantías para poder alcanzar las preseas de bienestar social que hoy están ausentes en algunos países del hemisferio y en especial en Venezuela.

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Escena II. Entre potencia y la ineficacia

Así como avanza sin detenimiento la brutal hiperinflación, la corrupción y la incoherencia gubernamental en sus sinrazones, también crece el deterioro de la tranquilidad de la gente. Desde las estructuras propagandísticas del gobierno tratan de inyectarle a la población la sensación de estar en condiciones de prosperidad y como cotorras corean el absurdo que somos una región “potencia”. Dando un frenazo ante tan descarada afirmación, podemos expresar que, por supuesto que existe prosperidad y potencia, pero para enterrar las esperanzas de la gente y hacer de nuestras ciudades lugares desolados y afligidos. Acá progresa a toda potencia por ejemplo, la falta de comida y medicinas aumentando el hambre, la desnutrición y la muerte, también triunfa el cierre de comercios y empresas causando pobreza, desempleo y dependencia a programas de regalías que implanta el poder, además calles y avenidas oscuras por falta de alumbrado público ayudando solidariamente para que los zagaletones, delincuentes y bandoleros cometan sus fechorías, igualmente hay prosperidad en la escasez de agua potable por la tubería en nuestras casas sin que hasta ahora se observe un pellizco preocupación por parte de los “servidores públicos”, ni hablar del progreso y la potencia demostrada por CANTV y la conexión banda ancha internet, convirtiéndose en un completo desastre que incomunica y nos separa cada vez más. La ironía de los mensajes del gobierno dibuja una parodia tragicómica donde los grandes perdedores son los venezolanos… en consecuencia el ciudadano debe mostrar rebeldía, intolerancia y disconformidad con estos excesos que cada vez son más agudos.

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Escena III. Semana Mayor atípica  

Se acerca la semana mayor. En nuestro estado Cojedes y en especial en Tinaquillo, es una fecha donde este año se profundizará de fe, convicción en la espiritualidad, aproximación a la eucaristía, la oración y las tradicionales procesiones con el hijo de Dios. En esta temporada lloverán las súplicas a Jesús de Nazaret, ya no solamente por la salud de familiares y amigos, ahora estarán incorporadas con mayor fuerza al ruego divino para que los últimos acontecimientos de estrechez social, llegue a punto terminable. En estos días cuando estaremos más cerca de Dios, podemos agradecerle por la fortaleza que nos ha brindado para soportar esta lluvia de calamidades. Agradecerle siempre es reconfortante y recarga nuestras esperanzas. Pero también pediremos al Nazareno, que cese el desmembramiento de nuestras familias, al tener que dejar cada día a un tinaquillero en un terminal de pasajeros, para irse a otro país con el propósito de sortear la peripecia de encontrarse con oportunidades de seguridad, salud y empleo honorable. Seguro en estas procesiones preguntemos por nuestros amigos y conocidos al no ver su presencia, entonces escucharemos historias que significan una vida y una familia separada por esta terrible diáspora. Antes estos eventos religiosos en Tinaquillo, eran para que todos los años existiera un reencuentro entre paisanos que vivían en otras ciudades en el país, ahora esta Semana Santa será un período para elevar plegarias de caminos abiertos para los hijos que se fueron a otro país, pero también para que “Papá Dios” nos ilumine a todos en Venezuela… ¡Que así sea!

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