Dudamel: “La música es un derecho humano que se ha convertido en elitista”

El director de orquesta venezolano se estrena en el Teatro Real de Madrid.

Las orquestas no tienen ningún instrumento que sea igual a otro. Ni cuentan con músicos idénticos entre sí. Cada uno, tanto el intérprete como su herramienta, deben fusionarse y ponerse de acuerdo con el resto de piezas para poder llegar a tocar una sinfonía, una ópera o un vals. Con este entendimiento debería funcionar la sociedad, en opinión del director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel, que a sus 36 años se ha convertido en una de las figuras más respetadas y con más proyección de todo el panorama internacional.

Por ello, “la democracia es la única vía de solución para cualquier país, creando más puentes y menos fronteras”, en opinión de Dudamel, quien se presentó en Madrid el concierto con el que debutará en el Teatro Real el próximo 13 de enero, al frente de la Filarmónica de Viena, con obras de Berlioz y Mahler, y que clausurará la quinta edición de Formentor Sunset Classics, que por primera vez sale del paradisíaco hotel de Mallorca.

A Madrid he venido más veces con la Orquesta Simón Bolívar, pero siempre en el auditorio. Para mí, estrenarme en el Teatro Real, un espacio de tanta tradición y de referencia mundial en el mundo de la ópera y de la música clásica, es algo especial”, ha asegurado. El potencial de Dudamel, considerado por los expertos del mundo de la música como una de las mayores promesas, le ha llevado a tocar en infinidad de lugares y escenarios, “y descubrir uno nuevo, con sus sonidos, acústicas y características, es siempre un disfrute. Es como abrir un huevo de chocolate”.

La presentación del concierto, sin embargo, ha estado marcada por otros asuntos que han ido más allá de la música, desde la relación del director de orquesta con la actriz española María Valverde, hasta la situación política y social del país bolivariano. Dudamel ha reconocido que opinar de política es “muy delicado, porque muchas veces se habla sin tener conocimiento”, y ha reclamado a “todos los políticos” de su país que se sienten “y hagan su trabajo, aparten egos e ideologías y piensen en la gente”, al igual que él piensa en su público cuando coge la batuta.

Dudamel está convencido de que su país superará la crisis social y la polarización política en la que está inmerso, “porque Venezuela es como es un adolescente que está construyendo su historia y tiene que pasar por baches”. Para ilustrar esta superación ha recurrido a los trabajos de El Sistema, red de orquestas y coros juveniles e infantiles de su país creado en 1975 por José Antonio Abreu como una obra social y cultural del Estado, y que se ha mantenido y fortalecido durante todos los gobiernos, también los chavistas. Este proyecto, “maravilloso y mágico, ha sobrevivido en épocas de abundancia y de crisis y ha traspasado fronteras”, por lo que para él supone un símbolo de optimismo. “Siempre es esperanzador ver a un niño con un instrumento en sus manos, recibiendo la educación que merece”. Más aún en estos tiempos, ha precisado, en los que “la música, un derecho humano, se ha convertido en algo elitista”.

El compositor ha recordado, además, que pese a la suspensión de dos giras internacionales al frente de las orquestas de El Sistema, sigue teniendo relación con el organismo venezolano. “La Simón Bolívar sigue siendo mi orquesta”. Pese a ello, Dudamel no oculta el orgullo que supone dirigir a la Filarmónica de Viena, uno de los conjuntos más importantes de todo el mundo en el que a día de hoy tocan algunos músicos que son nietos de otros intérpretes dirigidos a principios del siglo XX por la batuta del propio Gustav Mahler, uno de los compositores preferidos de Dudamel. “Estos músicos te enseñan partituras de sus abuelos, con anotaciones a mano del mismísmo Mahler. A eso te enfrentas con una orquesta como esa”.

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