La Historia Oculta: Saturnino Parra, el asesino serial de El Pao a comienzos del siglo xx

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Argenis Agüero

Según la conceptualización teórica “un asesino en serie, también conocido como asesino serial, es una persona que asesina a tres o más personas​ en un lapso de 30 días o más, con un período de enfriamiento entre cada asesinato, y cuya motivación se basa en la gratificación psicológica que le proporciona dicho crimen.​ Los crímenes suelen ser llevados a cabo de una forma similar, y las víctimas, a menudo, comparten alguna característica”.

En Venezuela se había tenido hasta ahora como el primer caso de asesinos seriales el de José Dorángel Vargas Gómez, ocurrido el año 1995 en el Estado Táchira, personaje denominado el “comegente”, considerado el primer asesino en serie conocido de la historia de Venezuela, asesinando decenas de personas, sin embargo la investigación histórica acaba de revelar que ese no fue el primer caso en el país, puesto que a comienzos del siglo XX ocurrió un hecho de sangre en predios del Distrito El Pao del Estado Cojedes, cuyas características permiten clasificar a su protagonista como un “asesino serial”, pasando a ser este el primer caso de un asesino serial en Venezuela.

A comienzos del siglo XX ocurrió un hecho de sangre en predios del Distrito El Pao del Estado Cojedes cuyas características permiten clasificar a su protagonista como un “asesino serial”, entendido  este bajo la siguiente definición.

El caso tuvo lugar a mediados del año 1914 en el Distrito Pao, siendo el personaje central un campesino de nombre Saturnino Parra, de 36 años de edad, natural del pueblo de Miranda, en el Estado Carabobo, cuya profesión un oficio era el de “criador” (persona que se dedicaba a criar ganado vacuno). Este personaje fue acusado de asesinar a tres personas y herir a otra a mediados de mayo del mencionado año, siendo apresado el día 3 de junio por las autoridades y puesto a disposición del Juez del municipio Pao del Distrito Pao, iniciándose de inmediato el juicio al indiciado.

Poco a poco fueron siendo citados diferentes testigos que declararon con relación al citado caso, uno de ellos fue David Tovar, herido que sobrevivió a la acometida que le hizo Parra con un machete, que además era hermano de una de las víctimas del acusado, quien declaró lo siguiente: “El domingo 31 de mayo como a mediodía salió de mi casa mi hermano Elías Tovar a comprarle unos corotos a Saturnino Parra y al poco rato mandó los corotos con un muchacho porque Parra le exigió que se quedara para que se tomaran unas copas de aguardiente, ya en la tardecita en vista de que no llegaba Elías fui a la casa de Saturnino y encontré a mi hermano amarrado en la pata de un palo y con un balazo en el muslo, que le había dado Parra, entonces le exigí a este que me lo soltara, que fuera a acabarlo de matar. Lo soltó y entonces nos fuimos; cuando habíamos andado como dos cuadras oímos que nos gritaban y yo le dije a mi hermano que apuraramos el caballo (los dos íbamos en un caballo), pero como él iba un poco ebrio se puso a contestar y no se apuró. No anduvimos mucho antes que nos alcanzaran Parra, José Aguilar y Juan Santiago Matute, estos eran peones de aquel. Ahí mismo cogieron a mi hermano y lo amarraron, y con la misma José Aguilar me agarró por un brazo y Juan Santiago por el otro y entonces Parra me asestó el machetazo que tengo. En ese momento le di un jalón a los que me tenían agarrado y pude irme; Parra se me pegó atrás y me fue siguiendo como una cuadra, y no me siguió más porque creyó que no pasaría mucho rato sin morirme de aquel machetazo; a mi hermano lo acabaron de matar porque la idea de ellos era matarnos para que no viniéramos a dar aviso (…) toda la noche estuvo Parra buscándome pero no me encontró.”

También se presentó la declaración de Cresencio Laya, quien expuso lo siguiente:

De orden del General Alejandro Padrón Oliveros (Comandante de la plaza de El Pao) fuimos Jesús Salazar, Hermenegildo Infante y yo al lugar donde estaba enterrado Elías Tovar, excavamos la sepultura y conocimos que era él; la cabeza estaba despegada del cuerpo y tenía en la cabeza otro machetazo. Además de esta sepultura hay otras tres más, en una está Ernesto Ochoa, en la otra un tal Ricardo Puyares y en la otra no se sabe quién es pues no se pudo seguir excavando por lo hediondo que estaba aquello. A Elías Tovar lo embriagó Saturnino Parra y después que lo embriagó lo amarro a la pata de un palo y le dio un balazo por una pierna; después llegó el hermano de Tovar y le exigió a Parra que le soltara a su hermano. Parra lo soltó y después que habían andado un trayecto se les pegó atrás en compañía de Santiago Matute y José Aguilar y los alcanzaron; primero amarraron a Elías Tovar y después iban a amarrar a David, en esto llegó Parra y le dio un machetazo a este, que de milagro lo mata, en esto se les fue corriendo David y entonces acabaron de matar a Elías; a este después que lo mataron traían el cuerpo en una vara entre Matute y Aguilar, y la cabeza la traía Parra dentro de un saco, llevándolo al sitio donde lo enterraron. A Ernesto Ochoa y que lo tuvo Parra tres días amarrado en una mata, desnudo, sin comer ni beber, y después se embriagó Parra y le dio un machetazo por el plato de la cabeza que le llegó a la boca. Ricardo Puyar y que llegó a casa de Saturnino Parra con tres burros cargados y se puso a beber aguardiente; después que Saturnino Parra lo embriagó lo mandó a amarrar y se lo llevaron para el monte y por allá lo mataron y le cogieron lo que llevaba. De esos burros le dio Parra dos a un tal Rosendo Díaz que andaba con el Coronel Padrón Oliveros y los mandó para San Carlos. El otro muerto no se sabe quién es. Todo esto lo dijo Ramona López que vivió en casa de Parra y era querida de José Aguilar. Después que Parra cometió todos estos asesinatos vino al pueblo a engañar a Padrón Olivero diciéndole que había matado como siete hombres de una guerrilla revolucionaria que había ido a matarlo a su casa. Eso fue calculando que David Tovar no se había muerto, y antes que este lo denunciara él se vino adelante”.

Luego se tomó declaración a Hermenegildo Infante, quien sostuvo que él había ido con Jesús Salazar y Cresencio Laya al lugar donde estaban las cuatro sepulturas de las personas que había matado Saturnino Parra, habían destapado la de Elías Tovar, que era el más reciente y los otros no pudieron revisarlos porque estaban muy hediondos; igualmente afirmó que Ramona López, José Aguilar y Jesús Santiago Matute se habían ido para “Las Cañadas”, jurisdicción del Distrito Tinaco porque Ramona era de ese lugar. También señaló que de donde estaban las sepulturas a la casa de Parra “había como dos cuadras”.

La declaración de Ramona López ofreció el siguiente testimonio:

Estando ocupada en la cocina de la casa de Saturnino Parra llegó Ricardo Puyar con tres burros cargados, de no sé qué, y se puso a tomar licor con Parra, y ya ebrios ambos oí unas palabras como que discutían sobre algún asunto; entonces Parra mandó a Juan Santiago Matute que lo amarrara y se lo llevara con los burros camino de La Galera; que ella no sabe cuántos días lo tuvo amarrado, ni de qué manera lo mató; que es cierto que Parra después que embriagó a Elías Tovar lo amarró de la pata de un palo y le dio un balazo por una pierna, porque lo presenció, y también que después que lo soltó se le pegó atrás en compañía de José Aguilar y Juan Santiago Matute y donde lo alcanzaron lo acabaron de matar, pero que no sabe de qué modo trajeron el cuerpo. Que no sabe cuántos fueron los muertos ni tampoco la existencia de las cuatro sepulturas, y que no presenciaron estos hechos ningunas otras personas”.

El indiciado Saturnino Parra rindió declaración el 24 de septiembre y alegó que él era inocente, que el 31 de mayo en la noche habían ido unos revolucionarios a robarlo y matarlo y él junto a José Aguilar les hizo unos tiros y sabe que allí murió Ernesto Ochoa que era uno de los caudillos de la revolución y dos compañeros más.

Jesús Salazar amplió su declaración y dijo:

Sé que Saturnino Parra mató a los tres que menciono en mi anterior declaración porque Ernesto Ochoa pasó por mi casa por ahí como del veintidós al veinticinco de mayo, un poco enfermo, y llegó a casa de Hermenegildo Infante y compró cuatro ñemas de gallina, las mandó a sancochar, se comió dos y se llevó las otras dos, siguió luego marcha hacia la casa de Saturnino Parra y ahí fue cuando este lo cogió y lo mató. Ochoa iba solo, portaba un machete latón y en ese día después de él no pasó más nadie por allí; de mi casa a la de Parra hay como una legua de distancia. Sé que Parra mató a Ernesto Ochoa porque él (Parra) lo dijo y Ramona López también lo dijo. La misma López dijo que Parra había matado a Puyar y que cargaba tres burros, de los cuales dos y que se los dio Parra a Rosendo Díaz cuando este andaba con el Coronel Padrón Oliveros, y esos se los llevó para San Carlos, y el otro quedó suelto en La Galera. Creo que el arma que empleaba para cometer estos crímenes eran machetes rozadores cuyo paradero no lo sé”.

Otros testigos desmintieron a Parra en su versión de la existencia de guerrillas revolucionarias en la zona, entre esos testigos estaban Tomás Quintero, Ramón Brizuela y Víctor Pérez. En el proceso judicial desarrollado en este caso encontramos que el Tribunal de Primera Instancia en lo Criminal del Estado Cojedes dictó sentencia el 11 de junio de 1915 condenando a Saturnino Parra a la pena de trece (13) años como “autor responsable de tres homicidios ejecutados con agravantes en las personas de Ernesto Ochoa, Elías Tovar y Ricardo Puyar”. La sentencia subió a la Corte Superior y en ese Tribunal el día 24 de junio de ese mismo año fue cambiada a 15 años de prisión, la misma fue firmada por los integrantes de dicha Corte: José María González Tovar (Presidente), Francisco Cisneros (Relator), Carlos Manuel Cárdenas (Canciller), y Marcos Sánchez Rivas (Secretario). Poco tiempo después, a comienzos de agosto de ese año, la Corte Suprema de Justicia del Estado Cojedes ratificó la sentencia de la Corte Superior en todas sus partes. Los dictámenes de estos tres Tribunales están publicados en las Gacetas Oficiales del Estado Cojedes N° 213 del  02 de julio de 1915, la N° 215 del 26 de ese mismo mes y año, y en la N° 217 del 14 de agosto de 1915.

Saturnino Parra fue internado en la cárcel pública de San Carlos, la cual se encontraba en la edificación que actualmente es la sede del Colegio Diocesano Juan Pablo II. Frente a la plaza Bolívar en San Carlos.

 

 

 

 

 

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