TINAQUILLO EN TRES ESCENAS

Ser un paciente en terapia de diálisis en este país significa una suerte de carrera de obstáculos contra la muerte.Ser un paciente en terapia de diálisis en este país significa una suerte de carrera de obstáculos contra la muerte.

Raúl Castellanos Latouche

Periodista & Profesor UC

@raulcastellanos

Escena I. Pacientes renales

Ser un paciente en terapia de diálisis en este país significa una suerte de carrera de obstáculos contra la muerte. Una persona en esta condición debe someterse tres veces por semana durante cuatro horas durante cada sesión y conectarse a una máquina que reemplaza las funciones de los riñones, con la finalidad de eliminar una serie de impurezas que se hallan en la sangre y algunos líquidos tóxicos. Desde hace más de un año, los pacientes renales han venido padeciendo no sólo los rigores de esta enfermedad, sino la falta de respuesta eficiente del Estado venezolano a través del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, quien es el responsable de la dotación de los insumos suficientes para atender a esta población. En la región el personal médico y auxiliar del Centro Nefrológico Cojedes, hace prácticamente de tripas corazón, para ofrecer asistencia a más de 150 enfermos renales con los exiguos recursos que maneja. A duras penas tienen insumos para ofrecer atención hasta mañana martes de carnaval. En todo caso, los afectados corren el riesgo de perder la vida por la indolencia de algunos altos funcionarios del gobierno nacional que abandonaron a su suerte a estos compatriotas. Se demuestra entonces que los apoyos automáticos a una “gestión” carente de respuestas colectivas eficientes, siempre van dirigidas a pagar facturas muy costosas por los más vulnerables. Quién pudiera negar con este escenario la inexistencia de crisis humanitaria. Tal ver algunos funcionarios en ejercicio de gobierno que aún insisten en la retorcida y terca idea que abrir un canal humanitario es innecesario y además peligroso para la soberanía nacional. Será que estos personajillos prefieren que los pacientes renales se resignen a este criminal decreto a muerte.

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Escena II.  Enderezar lo torcido

Cuando comentamos mordazmente que estamos en un país al revés, es porque la sagacidad popular así lo indica. Nos dicen que estamos en un país, estado o municipio “potencia” y tan solo al despertar cada mañana vemos lo contrario. Hablan de una ley “antiodio”, pero observamos por los medios de comunicación social a representantes del alto gobierno pronunciar improperios, descomposturas e insultos que incitan esta perversa condición humana. Destacan hasta más no poder acciones anticorrupción y sabemos cómo está de indecorosa administración pública. Recuerdan como vendieron la idea de un bolívar fuerte, garantizando que sería una moneda sólida y reventó en el descaro que hoy vivimos con el fenómeno de la hiperinflación. Asimismo destacan de una supuesta conexión banda ancha para acceder a internet y somos uno de los países latinoamericano más lentos y con mayor interrupción en este servicio imprescindible en estos escenarios postmodernistas. Tal vez falten otros ejemplos que los dejaré como un ejercicio mental de nuestros lectores, pero que igualmente sirva como punto de quiebre de reflexión activa para tener la capacidad de participar como ciudadanos en la toma de decisiones del país que deseamos, alejado de tantos espejismos que transgrede la inteligencia y el respeto de todos los venezolanos. La participación para hacer valer los derechos civiles, políticos, sociales y económicos, entre otros, no sólo está en participar en actos electorales y votar por tal o cual candidato. El poder y la dignidad del ciudadano debemos restituirlo y también es parte de construir una patria inclusiva y decente para enderezar lo torcido.

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Escena III. Transbaranda

Los venezolanos nos sentimos como muestras de laboratorio que somos observados para poder comprender ciertos fenómenos que curiosamente ocurren en casos especiales. Acá los expertos pueden hacer estudios psicológicos que perciban la desesperanza que existe en la sociedad por infinitas contradicciones y múltiples guamazos recibidos en el lomo, pero sin embargo, nunca falta del imaginario criollo una salida jocosa que inmediatamente renueva la esperanza y soluciones ingeniosas ante momentos críticos. Una de esas evidencias de chispa para palear la aguda crisis de transporte generalizado, nació el mentado “transbaranda”, una variedad de híbrido de transporte público, de iniciativa popular, que se encarga de sustituir a las conocidas camioneticas y busetas, para transportar a angustiados pasajeros deseosos de llegar a su destino. No obstante, este medio de traslado totalmente no es de origen venezolano, recuerdan las tradicionales carretas asiáticas y otros transportes usados en ciertas islas caribeñas. Pero este escenario, que pudiera ser una solución momentánea con visos chistosos, también representa una alternativa difícil y peligrosa para la población en condición de discapacidad, niños, damas y personas de la tercera edad por sus obvias limitaciones de encaramarse en estos vehículos. Existen en la Constitución de la República derechos irrenunciables y garantías para tener una mejor calidad de vida, la cual en estos días está por debajo de lo requerido y lo deseado. “Transbaranda” no es una solución, es una contrariedad que demuestra incompetencia de aquellos que deben responder por el transporte público.

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Invito a nuestros lectores escuchar cada sábado a las 9:00 am por Class 98.7 Fm, nuestro programa “Cabina Libre”…  ¡Hasta la próxima semana!

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