Tinaquilo En Tres Escenas: Sueldos devaluados, añoranzas de la Navidad y la diáspora de tinaquilleros

Tinaquillo, diciembre 4.- (Raúl Castellanos/Las Noticias de Cojedes).-

Escena I. Este sueldo nos llena de profunda rabia y tristeza               

Luego del reciente aumento salarial decretado por el presidente Maduro, el pasado 29 de noviembre, el poder adquisitivo del tinaquillero ase ha disminuido en proporciones escandalosas. Muchos dicen tener dinero en sus bolsillos pero los productos de la dieta alimentaria son inalcanzables por los precios. Con el salario mínimo la gente se bandea en escoger solo tres artículos, porque hasta allí llegue la plata. En la avenida Miranda, donde se encuentra concentrado el sector comercial de la población, el kilo productos como la carne de res, pollo y cerdo sobrepasan los mil bolívares, los embutidos como el jamón o la popular mortadela están por las nubes también superando los límites de los mil bolívares.

Ni hablar de las verduras, hortalizas y frutas. Este lunes el gobierno público en Gaceta Oficial una lista de precios acordados. Sin embargo ese inventario de artículos y precios quedaron desfasados con la realidad que existe en la calle. Un trabajador activo que gana salario mínimo e incluso los pensionados, invierten cerca del 98% de sus ingresos para comprar alimentos, verificando a través de sus testimonios que les alcanza para llevar una bolsita con apenas tres productos. Una señora de pasos lentos por el peso que causan los años y que evidentemente pensionada, nos comentó que trabajó cada día de su vida como secretaria en una escuela, después de tanto tiempo obtuvo el beneficio de su jubilación. Añadió que con su sueldo crio a sus hijos y los ayudó a ser profesionales, compró una casa y hasta tuvo un carrito usado, pero ahora con lo que le pagan por su pensión solo puede comprar un kilo de queso blanco y medio cartón de huevos. Terminó diciendo, que jamás pensó llegar a su vejez con la vergüenza de pedir para poder comer y este sueldo nos llena de profunda rabia y tristeza.

Escena II. El último mes del año

Comenzó el último mes del año. Por esta época en tiempos pretéritos comenzaba a respirarse el ambiente de alegría que contagiaba las fiestas decembrinas en Tinaquillo. Muchos disfrutaban de los adornos y propagandas en establecimientos comerciales ofertando todo lo necesario para prepararse durante los festejos del nacimiento del niño Dios, las familias comenzaban a realizar planes para la cena navideña o para la reunión del abrazo de fin de año. El intercambio de regalos y el amigo secreto en las escuelas, lugares de trabajo o grupos de amigos En la actualidad muchas de esas tradiciones han sido suplantadas por actividades de mayor desapego a la usanza de apenas unos años.

En nuestro Tinaquillo por estas fechas, ya las fachadas de las casas mostraban la inauguración de colores que las hacían ver relucientes, ahora el rostro de sus paredes reflejan la estrechez económica y tal vez emotiva de sus habitantes. Lejos está quedando el familiar dulce de lechosa y otros manjares de arraigo. El niño Jesús en el pesebre espera de la emoción de nuestros muchachos que valientemente decidieron dejar el calor de hogar para buscar nuevos horizontes en tierras desconocidas, ellos también por allá seguramente recordaran estos momentos. Indudablemente las navidades en Tinaquillo serán muy particulares, donde brindaremos levantando los vasos llenos de un extraño coctel compuesto de tristezas y esperanzas, arrojo y recuerdos, de lucha y transformación. Esperando que el regreso de nuestra gente sea tan pronta como la llegada de un amanecer. Seguro este año los cantos de la insigne “Flor de Cojedes”, tendrá un tono taciturno y nostálgico, así como el fervor de las misas de aguinaldo y el sabor de las arepitas dulces. Qué conocen aquellos que han secuestrado con indolencia, engaño e interés propio, las emociones de la gente, ellos pagarán forzosamente el agobio de nuestro pueblo.

Escena III. La diáspora de tinaquilleros no se detiene

Este fin de semana, con profunda congoja, presencié nuevamente escenas de tinaquilleros que abordaron la ola de la diáspora. Una familia más que se fractura, que desata los lazos para dejar partir a un ser amado con rumbo a pueblos desconocidos. Es una aventura por aprender, que llena de ansiedad a los que se quedan y emociones confusas a los que se van. Perdimos la cuenta de las familias tinaquilleras y cojedeñas que se encuentran en este trance.

En ocasiones cuando se conversa con algunos amigos y preguntamos por alguien, siempre la respuesta es parecida; ¡él se fue a Perú, esos muchachos también se fueron, ellos están en Chile! Esta historia que comenzó aproximadamente hace cuatro años, pero que se aceleró y aglutinó más testimonios en los últimos quince meses, es un oleaje que aún no baja su energía. Desde aquellos países adoptivos cada minuto llegan mensajes, llamadas y contactos para conocer sobre el estado de nuestra gente. Muchos han logrado su objetivo, ya están trabajando, alimentándose bien y bajo techo seguro. Otros todavía se encuentran en la encrucijada de lograrlo. Para ellos nuestro coro de bendiciones. Sin embargo para los que estamos en Tinaquillo, Cojedes y Venezuela, la lucha no debe disminuir y ahora debemos hacerla más efectiva, darle nombre y apellido, personificarla, convirtiéndola en hechos perceptibles. Hay que continuar peleando por los que subsistimos y perseveramos por una Venezuela decente y libre, pero también nuestro grito de libertad debe ser para que todos los que se han ido regresen a su cobijo, para primero abracen a su familia y luego contribuyan en reconstruir a este país.

Invito a nuestros lectores escuchar cada sábado a las 9:00 am por Class 98.7 Fm, nuestro programa “Cabina Libre”…  Hasta la próxima semana!

Raúl Castellanos Latouche

Periodista & Profesor UC

@raulcastellanos

 

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