¡Unidad total o perdemos el país!

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A este sitial de la historia universal nos negamos entrar, presos de aprensiones atávicas, culturales y subalternas, producidas por opiniones centradas en intereses personales, protagónicas y grupales, totalmente divorciadas del colectivo y deseos de las grandes mayorías, primero la patria y después la tumba.

El esfuerzo de las negociaciones entre representantes de la dictadura y del sector opositor, que se realizan en Barbados, promovidas por el gobierno de Noruega, con respaldo de toda la comunidad internacional, incluyendo a Estados Unidos, involucrada en la búsqueda de una solución final, real y consensuada a la crisis política venezolana, que es hoy una crisis hemisférica, ha sido un duro blanco de críticas.

Es impresionante las diversas reacciones de una minoría, que tiene todo su derecho de expresarse públicamente, pero que sus argumentos banales, no ayudan en nada a lograr una salida consensuada que le permita al país dar los primeros pasos para evitar la inevitable guerra civil entre hermanos con más muertes, desolación y más destrucción.

He escuchado, leído y visto opiniones que despiertan diversas y libres interpretaciones hasta saciar la imaginación de las cosas más absurdas, que políticamente en mi modesta vida, he tenido que tratar para respetar algunas expresiones ajenas y de terceros.

Nunca imaginé que ellas pudiesen ocurrir dentro de una crisis agravada y enredada de nuestra situación política, colocando en vilo la posibilidad real de una solución salomónica constitucional a nuestra tragedia humana como país.

Creo que algunas de ellas merecen estar en el libreto de producción de aquel viejo programa de humorismo de la televisión venezolana llamado ¡Qué Locura! cuyo protagonista es mi amigo el comediante Ernesto Cortés, sin duda alguna.

La otra tendencia como posible opción es la famosa intervención militar o bien de Estados Unidos, o de una llamada fuerza multilateral internacional, que asuma la defensa de los valores democráticos, los derechos humanos y la instauración de un gobierno de libertades económicas, políticas y sociales. Decisión que no depende de Juan Guaidó sino del presidente Donald Trump y sus asesores de Seguridad Nacional, dentro del marco de la geopolítica y sus relaciones con otras potencias mundiales como China y Rusia.

Seguimos empecinados en darle la razón a las opiniones del embajador Mike Pompeo sobre la división existente en el campo de la oposición democrática y la proliferación a destiempo de candidaturas presidenciales. Demostremos al contrario nuestra vocación unitaria, patriótica y solidaria.

La última crisis sufrida por el país sumida en la violencia callejera insurrecciones militares estimulada por sectores extremos de la izquierda y derecha nacional, actos de terrorismos, secuestros de naves, trenes y aviones, asaltos de bancos, inseguridad y miedo total, atentado terrorista contra el Presidente Constitucional electo y en ejercicio, fue en el lapso del quinquenio 1959-1964, contra el “Padre de la Democracia” don Rómulo Betancourt, producto de los planes de Fidel Castro para controlar y apoderarse de las inmensas riquezas energéticas, petróleo, hierro y uranio de Venezuela.

Gracias a la unidad real civiles y militares, existente en esa época, con el apoyo de USA, bajo el auténtico liderazgo político de Rómulo Betancourt y sus partidos aliados en el gobierno, Acción Democrática, Copei, y URD y el decidido respaldo de las fuerzas de los trabajadores de la CTV, de la Federación Campesina y de los trabajadores petroleros, de todos los gremios profesionales, de líderes emergentes regionales, y el pueblo en las calles, hicieron posible la derrota militar, y política de Fidel Castro y sus aliados del comunismo internacional en Venezuela y posteriormente la expulsión de Cuba comunista de la OEA, a solicitud del presidente Rómulo Betancourt. Una victoria a sangre y fuego, no a través de Twitter, Facebook y redes sociales.

La trágica etapa del lapso Chávez-Maduro, como lo comprueba el “Informe Bachelet”, regresó el país a la época de la barbarie represiva generalizada, dirigida por los “asesores” cubanos del régimen, con la destrucción de las instituciones y el estado de derecho, la deshumanización con hambre y miseria, la corrupción generalizada, con la entrega de nuestra soberanía nacional a los invasores extranjeros.

Todas estas manifestaciones violentas del régimen nos obligan a repensar que las posibles salidas políticas a este nivel de guerra, las requieren y necesitan ellos como dictadura narco militar, “creando muchos Vietnam en América” como expresara en una oportunidad el “Che” Guevara, para ellos mantener su régimen de oprobio y violencia, es fundamental continuar en el poder y la democracia ¡Al carajo!

Ahora es necesario e impostergable objetivo unitario, buscar la solución viable e institucional que nos permita rescatar el país como en el pasado logramos hacerlo con el presidente Betancourt y la gran alianza cívico militar patriótica, toda iniciativa en este sentido debe ser apoyada, para frenar el sacrificio de nuestro pueblo, por encima de odios, rencillas, y personalismos irredentos. Confiemos en Guaidó y en la AN. ¡Rescatemos la Venezuela libre y democrática! ¡Volvamos a derrotar, como en el pasado, para siempre al castro comunismo cubano !Unidad total o perdemos el país!

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