Palabras del poeta tinaquillero Julio Rafael Silva en el bautizo del libro “Despacio cae la indescifrable noche”

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Palabras del poeta Julio Rafael Silva, en el Bautizo-Bendición del libro Despacio cae la indescifrable noche, el pasado viernes 31 de enero de 2020, Asociación de Escritores Carabobeños, Casa de la Cultura «Aldemaro Romero», San Diego – Estado Carabobo – Venezuela.

Vaya nuestro infinito agradecimiento a la Asociación de Escritores Carabobeños por la organización de este acto. Agradecemos de igual manera la presencia invaluable de tantos amigos y cofrades que esta mañana nos honran con su compañía. Quisiéramos expresar inicialmente que hemos transitado por las páginas y los días de Carlos Noguera inmersos en una lectura en donde la rigurosidad del análisis armoniza (y a menudo cede el paso) con el entusiasmo de reflejar ciertas frases y distintos momentos de su existencia de juglar apasionado. Nuestro testimonio sobre Noguera, no pudo ser sino arbitrario, subjetivo y poético. Hemos querido declarar nuestra preferencia por esos textos, esos instantes y avatares en un intento por abrir el círculo hermenéutico, a fin de vivirlos y sentirlos bajo sus especificidades sensibles a través de los recursos del análisis y la reflexión crítica. Estas reflexiones han tenido como punto de partida un estilo que lleva ineluctablemente a una embriaguez de las formas, estado emocional que explica este desglose arbitrario de la realidad, este preferir a un autor y no a otros, poseídos por la sensación de modelar como arcilla una materia maleable en todos los sentidos, de perseguir acaso un fantasma o su propio reflejo. En suma, habiendo echado a andar con la intención de revelar (¿explorar?, ¿referir?), corríamos el riesgo de fantasear.  De ahí la necesidad de atenernos a los hechos que imponen la consistencia y la singularidad de los días y las obras del escritor, los cuales nos hablaron demasiado fuerte, demasiado convincentemente para ser eludidos: sentimos que ellos se mostraron en los límites de un sistema autárquico, en donde la profundidad no se separa de la apariencia, ni lo interior de lo exterior, donde una intimidad se hace visible y coincide por entero con lo que se advierte.

LOS PRIMEROS PASOS DE UN ORFEBRE DE LA PALABRA ENCENDIDA

 1943  El miércoles 28 de octubre de 1943, a las cinco en punto de la tarde, Carlos Eduardo Noguera Sánchez nace en una amplia casona de la Calle Miranda (también llamada Calle Real) de Tinaquillo, estado Cojedes. Sería el segundo vástago (la mayor, Marina, moriría prematuramente, y el menor, Edgar, nacería en 1947) en el hogar constituido por dos insignes educadores del burgo: Eduardo Noguera Hernández y Carlota Sánchez Malpica, integrantes, a su vez, de una muy amplia constelación de intelectuales cojedeños, entre ellos sus tíos maternos: Julio César, Julieta, María Luisa, José Rafael y Federico Sánchez Malpica, y su tío paterno: Nicolás Noguera Hernández, escritores, poetas y maestros quienes ejercerían decisiva en la formación del escritor.

1947 Primera infancia, en Tinaquillo

Sobre esta época el autor confesará en su novela Inventando los días (publicada en 1979):

Fotogramas. Niños. Rostros anónimos. Trozos de calles. Gisela y los niños. Puertas. Arenas. Hojas. Fragmentos del mundo. Mamá, papá, tía, familiares. Un río. Media faz de Patricia. Ventanas. En la esquina inferior, yo: sepia desvaído y blanco en traje de marinero con ancla bordada sobre la manga, firmado: Zarrameda, Tinaquillo, 1947.

(p. 242)

1952   Primera Comunión, en Tinaquillo (miércoles 19 de marzo de 1952).

Sobre estos años de infancia y pubertad vividos en Tinaquillo, Carlos Noguera afirmará en su Autorretrato. Fantasmas en el estanque (1993):

Más que bajo un techo, crezco bajo una asamblea de casas: más que dentro de una familia, dentro de un clan: padres, hermanos, abuelos, quince tíos, decenas de primos. Desde el comienzo dispongo de libros: enciclopedias, relatos de aventuras, cuentos infantiles, comiquitas, novelas. Provienen de las bibliotecas escolares y de los anaqueles familiares que, por razones que ignoro, ocupan siempre un rincón del “cuarto de los santos”.  (p. 12)

1953   Cursa estudios primarios en Tinaquillo. El autor también anotará en Inventando los días (1979):

 Antes de mediodía, cuando regresaba de la “General Anzoátegui”, me internaba en los guayabales para vigilar a distancia las trampas-jaulas y los asedios. Las Reinitas y los Picoeplatas venían en picada desde los faldones o los canaletes o las ramas de los naranjos y se posaban alrededor del cebo y danzaban con cabriolas y pequeños saltos, alborotando las serojas resecas y los pedazos de estiércol. Bastaba, sin embargo, una mínima brisa sobre los tallos bajos de la auyama, el leve movimiento de los morrocoyes, una voz desde la cocina o el aljibe (perforado entre el montículo del antiguo fogón y la cuneta del desagüe) para que se interrumpieran al unísono la danza mágica de las aves y mi perplejidad. (p. 243)

1959  Cursa el bachillerato en el Colegio “Fray Luis de León”, de Caracas.  Escribe sus primeros cuentos. Participa en las peñas literarias en los cafés de las avenidas Roosevelt y Victoria (Presidente Medina). De estos días el poeta afirmaría:

Ya en la secundaria, algunos amigos nos dimos a conformar una especie de grupo literario o peña: discutíamos las lecturas y los poemas que escribíamos, también nos dedicábamos a una actividad algo singular: la de anotar e interpretar nuestros sueños (¡con los libros de Freud, Jung y Adler en el hombro!)

(Noguera, C. (2000). “Entrevista con Daniuska González”, en Revista Ateneo No. 12. Los Teques: Ediciones del Ateneo; p.16)

 1960   Se gradúa de Bachiller en Ciencias, con honores, en el colegio “Fray Luis de León”, de Caracas.  En su discurso incluirá fragmentos como éste, que luego integrarían su primer libro de poemas, Laberintos, publicado posteriormente en 1965:

 La presencia y la comunicación se dan sólo donde es súbita la relación; y la pureza embriaga momentáneamente el contorno del objeto, haciendo posible el conocimiento, cuya única fórmula es la exaltación de la incandescencia. (p. 23)

1961-1965    Cursa estudios superiores en la escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela. Funda, al lado de una brillante hornada de jóvenes escritores (José Balza, Jorge Nunes, Marina Castro, Ramón Piñango y otros) la revista Intento (de la cual apenas se publican dos números). Se afilia al Partido Comunista de Venezuela e inicia la militancia clandestina. Participa en el lanzamiento de una segunda revista, en HAA, donde publicarán sus trabajos Teodoro Pérez Peralta, José Balza, Jorge Nunes, Armando Navarro, Humberto Mata, Caupolicán Ovalles, Argenis Daza Guevara, Lubio Cardozo, Márgara Russoto, Teófilo Tortolero, Marina Castro, Luis Alberto Crespo, Enrique León, Rita Valdivia, Víctor Salazar, Luis Camilo Guevara, Ángel Eduardo Acevedo, José Pepe Barroeta, Eduardo Zambrano Colmenares, Thamara Williams, entre otros.

 LABERINTOS:

BÚSQUEDAS INICIALES Y EJE VUELTO AL REVÉS

 1965  Publica, en ediciones en HAA, su primer libro de poemas, Laberintos, con el cual obtiene el Premio Universitario de Poesía (UCV). Con anterioridad el poeta había publicado algunos fragmentos del libro, bajo las denominaciones: 11º. Laberinto (en la revista literaria en HAA, No. 2. Caracas: octubre-diciembre de 1963, pp. 39-45), y Laberinto Doce (en la Revista Nacional de Cultura, No. 161. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación, noviembre-diciembre de 1963, pp. 201-204). Integra el comité de redacción de la revista En Letra Roja.

Así, a finales del año 1965, en la justa mitad de esa década prodigiosa e iracunda de los sesenta, en un país sacudido por hechos dramáticos como la guerra de guerrillas, la inestabilidad política y social, la inseguridad y la pobreza, la violencia urbana y rural; pero, sin embargo, en medio de una actividad intelectual y artística sin precedentes en Venezuela, este extraño libro sorprende a los ávidos lectores caraqueños, deslumbrados entonces por las canciones italianas del Festival de San Remo, el cine europeo, la música de los Beatles,  las sensuales minifaldas, la magia del jazz,   los relatos  de Julio Cortázar y los textos de Jorge Luis Borges.  Esta primera obra de Noguera conforma un conjunto de poemas necesario y esperado, leído con deleite y discutido con vehemencia por los jóvenes universitarios de aquel tiempo, sensibilizados previamente por los textos de José Antonio Ramos Sucre, José Balza, Adriano González León, Salvador Garmendia, Guillermo Meneses, Alfredo Armas Alfonso  y otros autores que transmutaron en profundidad nuestra tradición literaria. Son textos descarnados e intensos, en los cuales la brillantez de la palabra anunciaba querer ser creadora de excesiva soledad y en donde el poeta se abría a la posibilidad de sublimar sus sentimientos y sus rebeliones, sofocado el dolor cósmico y metafísico de su alma.

Desde la primera lectura nos topamos en los Laberintos de Noguera con una angustia humana que persigue la magia, lo sacramental pagano, el ceremonial terreno. Y el poeta es aquí un hechicero vibrante, al crear la fisura por donde divisa lo que llamamos cielo, en medio de la temporal y súbita quietud reflexiva. Por otra parte, el placer y el eros sublimado (una constante en las obras de Noguera) se cuelan por las ranuras, para dejar constancia de los fulgores y miserias del juego de la carne. El amor, el erotismo, se expresa en este libro como vivencia de la muerte, como un arte agónico enfrentado a los dos extremos humanos del vivir y del morir. Son textos íntimamente relacionados con el todo orgánico en vínculo estrechísimo con eros, en una conjunción expresada en el encuentro feraz de la palabra, como refracciones de la misma unidad poética. Tal vez por eso afirmaría José Balza (1965), en el Prólogo que este libro de Noguera:

…despierta en cada uno de nosotros particulares resonancias. Felicidad, tensión, hostigamiento, nos invaden, pero no debido a que, independientemente, causemos su génesis, sino porque al recorrer el laberinto (léase tiempo), éste suscita las alteraciones (…) Porque ése es, con toda su peligrosa vibración, ubicuo, cortante, el tema fundamental del libro. Todo lo demás, complementa; visiones, imágenes, transmutaciones, son derivados inmediatos de un vertiginoso centro común: el conocimiento. (Balza, 1965: 1)

En estos textos,  el poeta parece completar su portentoso ciclo: no hay camino extraño al de sus pasos para encontrarlo, encaminado en sus búsquedas, desde una firmeza del decir hasta aberturas de ansiedad dilatada, esos dos niveles donde el poeta descubre su propio camino y resuelve el desajuste frente a la realidad engañosa, en la inmediatez de la experiencia, escribiéndose: la creación del poema pleno, móvil, cribado, respirante, como lo observamos en este fragmento:

He permanecido recluido a expensas de este sacrificio estéril.

He exagerado mis defectos con la esperanza de merecer la furia de los oscuros dioses que flagelaron mi infancia.

He sido perdonado después de largas temporadas de blasfemias y herejías.

He resistido siglos encerrado en mazmorras herméticas y enormes, llenas de vino hasta la altura de mi cuello, de las cuales finalmente logré evadirme extrayendo de mis uñas las profecías de Baco… desde entonces he vivido en este estado intolerable de ebriedad.  (p.7)

1966  Integra el grupo literario Pandilla Lautremont, el cual se reunirá en los cafés de Sabana Grande y estará formado por Caupolicán Ovalles, José Pepe Barroeta, Rita Valdivia, Ángel Eduardo Acevedo, Luis Camilo Guevara, Mario Abreu y Víctor el Chino Valera Mora. Con el manuscrito de su segundo libro, Eros y Pallas, obtiene el Segundo Premio del Concurso de Poesía de la Universidad del Zulia.

EROS Y PALLAS:

UN FUEGO TAN HONDO EN EL ADEMÁN PAUSADO

1967   La Universidad del Zulia edita Eros y Pallas, la segunda obra de Noguera, que contiene textos poblados por una magia casi elemental, llenos de vibración vital: los signos poderosos del hombre debatiéndose entre extrañas solicitudes  y en los cuales el equilibrio expresivo pone la nota de ponderación, seguridad y resuelta eficacia de un lenguaje que aparece afilado y preciso en sus posibilidades de comunicación. Es ésta una poesía llena de esencias, de profunda claridad, espontánea, en el mejor sentido del término, dotada de seguridad y equilibrio, pero, al mismo tiempo, desbordada, incontenible, evidencia del ímpetu interior expresado en una constelación de sueños, de realidades, con una recóndita armonía, lo cual nos lleva a pensar al joven poeta como a un viejo profeta (¿o, tal vez, un joven nigromante?) pleno de la sabiduría que palpita en las cosas terrenales, y para las cuales tiene la hora del mensaje para advertir a tiempo cuál es la señal que ha de seguirse, como lo observamos en este fragmento:

 Muchacho ebrio de amor, eres quien celebra la locura mientras te atan y te colocan vendas y te dejan quieto, como muerto en el fondo de un paraíso oscuro.

Diles que eres bueno, cuéntales tu historia, esa difícil patraña, con humildad; parte en dos tu cuerpo y deja que el fuego te desborde.

Recuenta… tu verdad no estaba en cuerpo alguno fuera de ti.  (p. 5)

 1969    Con el relato Altagracia y otras cosas obtiene el Premio en el Concurso de Cuentos del diario El Nacional, de donde tomamos el siguiente fragmento:

Después contaste otras cosas y tu cara se iba iluminando con una luz que ya te daba para el resto del cuerpo, mientras pensabas que Eligio podría estar escuchándote en algún lugar, en el recuerdo, desde el fondo de una lluvia tupida o del tiempo, mientras Ernesto estaba enfrente de ti, a tu lado, como mucho antes, como cuando esa luz que ahora es tuya y que posees, era escasa porque los árboles demasiado altos, incluso para ti que eras del interior, los árboles demasiado altos la ocultaban por días enteros, de modo que en ocasiones pasaban meses sin que pudiera verse el sol, lo que se llama sol… (p. C-1)

 1969  Muere la madre, Carlota Sánchez Malpica de Noguera.

1970  Inicia su primera unión, con Gloria Larrazábal. El padre, Eduardo Noguera Hernández, contrae nupcias con Alexandra Da Cruz Jardim.

 HISTORIAS DE LA CALLE LINCOLN:

AMOR Y SOLEDAD CORREN HACIA EL OLVIDO

1971   Obtiene el Premio Internacional Monte Ávila de Novela con su libro Historias de la calle Lincoln, obra que será editada en octubre de este año. En edición para uso académico, publica Un estudio sobre la noción de cantidad en Jean Piaget (ediciones de la Universidad Central de Venezuela). Nace su primer hijo, Alejandro.

 En está páginas, Carlos Noguera se revela como un narrador extraordinariamente vigoroso, distinto, generador de recursos lingüísticos, sintácticos y poéticos, capaz de resolver al instante el paso con el cual se anticipan las más ágiles invenciones. Una nueva forma de enunciar los conflictos del venezolano, en niveles en que el fervor humano, la realidad de situaciones imprevistas, la ciudad y sus avatares, el erotismo y el imponderable elemento psicológico se conjugan con una fuerza casi alucinante.  El narrador enfrenta victoriosamente riesgos esenciales que él ha querido elegir expresamente para medir y experimentar capacidades profundamente presentidas y que afloran alertadas por su incesante atención a los signos de la vida en la ciudad. En este caleidoscopio existencial se debaten personajes dibujados con un lenguaje milimétricamente incisivo, navegando por una estructura narrativa sorprendente y singular, ubicada en los años sesenta venezolanos. En esta novela la ciudad es un referente esencial: líneas de fuerza que se cruzan, se atraen, se repelen. Calles, avenidas, urbanizaciones y barrios con nombres propios, fácilmente ubicables en la toponimia urbana (de Caracas, casi siempre). Otras veces, calles, plazas y casas imaginarias. Así, la ciudad nos agobia y nos libera: es  inatrapable, confusa, envolvente, como lo observamos en el siguiente párrafo:

 Apenas te encuentras extraña, agotada, y por los momentos sientes todavía la impresión irreal de tener un cuerpo al lado tuyo: un cuerpo que ahora conoces bien  que estuvo todo este tiempo llegándote a retazos, con cautela, casi escondido detrás de las tazas y los sobrecitos de azúcar en largas conversaciones de cafetín, en las tardes de compras por la Calle Real de Sabana Grande o en los sorbos de los yintonics para apagar el aburrimiento o la emoción súbita: la presentación, la primera cita cómplice, la duda, el primer roce, enjabóname la espalda querida, y una risita que te viene desde el baño y luego un chistecito sobre el jabón y tú vuelves a pensar diez años antes o una hora antes, qué más da, y todas las imágenes siguen llegándote juntas, como en una tira cómica. (p. 55)

1974   Nace su segunda hija, Sibel.

1977   Publica, en edición para uso académico, La construcción del espacio en el niño con disfunción cerebral mínima (ediciones de la Universidad Central de Venezuela). Con el manuscrito de su novela Inventando los días obtiene el Premio Bienal de Narrativa Guillermo Meneses.

1978   Muere el padre, Eduardo Noguera Hernández.

INVENTANDO LOS DÍAS:

EL CUERPO DEL AMOR Y LA MELANCOLÍA SIN FRONTERAS

La segunda novela de Noguera, Inventando los días, publicada por Monte Ávila Editores (en 1979), es el corolario de una sedienta ambición espiritual: rescoldo del desvelo, el lenguaje, como una hiedra, corona la propia fantasía de su entorno. Hay trozos de fulgores, expandidos enigmas en donde el delirio se vuelve laceración interiorizada (abisal, quedaría mejor). En este territorio, la peculiar y muy personal  concepción estética del narrador se debate en un clima de audaces conceptos e imágenes atrevidas, orientando sus pasos hacia una especie de misticismo mesurado, hacia un tono de elevación filosófica en donde la sensualidad y el hedonismo se mezclan con los terribles ardores de la belleza lírica, pautando una fidelidad severa con los fueros alucinantes de su antigua acritud.

En esta novela, quizás como en ninguna otra, el autor nos entrega claras y precisas pistas sobre su infancia y pubertad, vividas intensamente en la población de Tinaquillo, estado Cojedes. Allí está el río, los árboles, la fresca vegetación, la tierra que alza sus frutos al aire celeste y que muestra paisajes, escondrijos, grutas a los ojos profundos del poeta. El escritor pretende abrazar este microcosmos transido en familia verbal, tal como lo hiciera en su momento el angustiado poeta José Antonio Ramos Sucre con la ciudad (¿Carúpano?, ¿Cumaná?, ¿alguna otra villa perdida en el recuerdo?): sensualidad reflejada, demoníacamente pulcra que lo acompañaría toda la vida:

¿Cómo me inventé? ¿Dónde estuvo la magia? Ahora la mirada es sólo un largo alcance a través del espejo. Ella impregna el tiempo con licor de metales, subtiende la noche: toco una casa borrosa, un vasto patio. Al fondo, detrás de la pared derruida entre cuyos breñales se arrastran los cotejos, comienza la urdimbre espesa de arbustos, donde la luz se detiene y flota, solviéndose en granos pequeños y brillantes que a veces penetran hasta la humedad de las zanjas. 

El aire emborrachaba de tantos olores, y mamá y tía decían que a las flores y las abejas de aquel solar no se las podía ver en ningún otro lugar de Tinaquillo. (Noguera, 1979: 242)

1980-1982  Reside en Londres, en viaje de estudios. Obtiene Certificado de Inglés de la Universidad de Cambridge. Viaja por Europa. Cursos de Arte en la Tate Gallery. Taller literario en Holborn. Curso de postgrado en Psicología Cognoscitiva en Yale University, New Haven, USA.

 1983 – 1987  Viaja por el Caribe. Estudia francés. Se divorcia de su primera esposa. Dicta clases en el Postgrado en Psicología del Desarrollo Humano, en la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV.

1988  Inicia su segunda unión, con Juliana Boersner Hürlimann.

1989  Publica El adolescente caraqueño (en coautoría con Esther Escalona), coeditado por la Facultad de Humanidades y Educación (UCV) y la empresa Mavesa.

1992 Es designado Jefe del Departamento de Psicología de FUNDACREDESA y Director de la revista Folios, de Monte Ávila Editores. Nace su tercer hijo, Gustavo Aníbal.

 1993 El manuscrito de su novela Juegos bajo la luna obtiene el Premio de Novela en la II Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, de Mérida.

JUEGOS BAJO LA LUNA:

CONOCIMIENTO, TRANSGRESIÓN Y EROTISMO

1994  Monte Ávila Editores Latinoamericana publica su novela Juegos bajo la luna, obra con la cual obtiene el Premio Municipal de Narrativa del Distrito Federal de ese mismo año. Esta obra esboza situaciones que reiteran las imágenes de Inventando los días: cambian los personajes, cambian las palabras – incluso cambian en el sentido de que un episodio relativamente cándido se vuelve pecaminoso -, pero la estructura de la situación es la misma: cada acontecimiento es una faceta de otro, al cual se apunta, pero que en el texto no existe, sino que se crea por transposición. Es una poética que parte de la constante agresión al lenguaje referencial y continúa con la embestida a lo verosímil de algunos personajes.  El texto se escapa de las restricciones del género, aprovecha al máximo sus posibilidades de transgresión y, a través del desplazamiento, crea múltiples imágenes a partir de ciertos personajes que se espejan mutuamente, satisfaciendo así tanto a la represión como a la libertad. En ese juego de espejos la presencia de la ciudad es avasallante: se evidencia en la armónica expresión de la propuesta estética del autor y su correlato sociopolítico, al asumir la relación la ciudad – protagonista como una descripción fenomenológica de la realidad:

Se oían disparos en la zona. Patrullas atiborradas de soldados bajaban por la Roosevelt. De pronto, una brisa helada había comenzado a soplar sobre los arbustos. Un vendedor de lotería entró vociferando que habían herido a varios obreros en el Valle. Terminé mi café. Ella terminó su café. La invité a otro. Le dije que me hacía gracia el que de vigilante, por un gesto de hechicería inocente por su parte, me hubiese transformado en vigilado. (Noguera, 1994: 68)

1995 La novela Juegos bajo la luna es Finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos y Premio CONAC de Narrativa Manuel Vicente Romero García.

1995  En la Antología de la poesía amorosa venezolana, compilada por Jesús Salazar Rodríguez, publica su texto “Secuencias”, del cual tomamos el siguiente párrafo:

Cuando intenté mostrarte mi piel tú ya estabas dentro, desordenando, cambiando toda cosa de lugar: dos caracoles grises donde estaban los ojos, un plumaje blanco en lugar de lengua, cristales y cenizas en vez de manos.

Escucho un nombre que me hace huir del vacío, cuando regreso no puedo dar conmigo, y en lugar de mi cuerpo ahora consigo luz, sólo aire y canciones. (p. 171)

1996  Publica Dos libros, edición que recoge sus dos poemarios (Laberintos y Eros y Pallas), en coedición del Círculo de Escritores del estado Cojedes-CONAC. Nace su cuarto hijo, Fernando Eduardo.

 1996   José Balza,  en su Antología del cuento venezolano, incluye el relato “Gisela en ocho tiempos”, de Carlos Noguera. De allí tomamos el siguiente fragmento:

Pero siempre estábamos, siempre estuviste. Desde que te vi aparecer por la puerta del liceo, con tu uniforme de cota blanca levantada por dos cerritos puntiagudos, y la falda y el jumper con aquellos estampados escoceses, y la pollina que te caía sobre las cejas y casi te cubría los ojos; soy Gisela, tímida, esperando sin embargo que yo te reconociera enseguida, mientras yo, oscuro animal cabizbajo, garrapateaba las primeras líneas de un poema que no surgía. (p. 449)

 1998   Participa, al lado de Elisa Lerner, Silda Cordoliani e Israel Centeno, en el IV Encuentro de Escritores Venezolanos, programado por la Cátedra de Literatura Venezolana “José Antonio Ramos Sucre”, de la Universidad de Salamanca,  La novela Juegos bajo la luna recibe Mención de Honor del Premio Pegassus, convocado por la Mobil Corporation, a  la mejor novela venezolana de la década.

2000   Dirige la Revista Nacional de Cultura y el Departamento de Psicología de FUNDACREDESA. Integra el comité de redacción de la revista Folios, de Monte Ávila Editores. Coordina Talleres de Narrativa y colabora con diversas publicaciones periódicas.  La novela Juegos bajo la luna es llevada al cine en una coproducción venezolana, mexicana y colombiana.

2003   El viernes 19 de septiembre, en Tinaquillo, en la residencia Silva Sánchez, participa la celebración del centenario de su tía materna, María Luisa Sánchez de Silva, en compañía de sus primos Julio Rafael y Julio César, y otros familiares.

LA FLOR ESCRITA:

EPÍLOGO DE UN DÍPTICO EN TRES PARTES

2003 En La flor escrita, novela publicada por Monte Ávila Editores  Latinoamericana este año, Carlos Noguera nos entrega un discurso narrativo y una declaración poética que se mantienen como signo: poesía feraz que abre la corola suprema de sus significaciones en la unidad integral de su estructura, toda llena de trascendencia y fecundidad: el rompiente verdor cede paso a la sombra vegetal y precisa de la maduración. Como una abeja de perseverante vuelo, la verdad vital escolta el corazón y la frente del poeta. La expresión es una cifra sangrante, vehemente, una crepitación amorosa, consciente. Y de nuevo la ciudad, gratificando el decurso de la memoria y la nostalgia, caja de resonancia de los deseos y voliciones del narrador:

La mantequilla se había derretido sobre la arepa humeante y ahora se mezclaba con el áspero olor del queso para impregnar la cocina de un vapor amarillo y aromático. Por un momento Diego se creyó en la adolescencia o incluso en su infancia lejana: se miró de nuevo, tomado de la mano de padre, caminar las calles estrechas de La Candelaria, rozando el costado de la iglesia hacia el rincón enladrillado donde los aguardaba el mesón de la tertulia semanal. (Noguera, 2003: 113)  

2004  Es designado Presidente de la editorial del Estado, Monte Ávila Editores Latinoamericana. Recibe el Premio Nacional de Literatura correspondiente al período 2002-2003. En referencia a este galardón diría Carlos Noguera, en entrevista concedida al diario El Nacional (martes 22 de junio de 2004):

A pesar de que cuando se habla de un Premio Nacional se piensa en la consagración de una persona, yo siento que esto es un compromiso “a futuro”, para seguir creando. Anteayer y ayer estuve escribiendo mi nueva novela, que tiene el título provisional de Los años locos. No paro de escribir. (p. B-10)

2004  Publica Ya no eres una niña, ya no eres un niño (con la colaboración de Juliana Boersner), obra editada por el CONAC, en su colección Biblioteca Básica Temática, dentro de la Agenda Bolivariana para la Coyuntura y el Desarrollo Endógeno, de donde extraemos en siguiente párrafo:

La clave de una relación satisfactoria en la pareja es la comunicación, el muto respeto, la lealtad. La comunicación debe ser transparente: nada bueno surge de la mentira. En todo caso, la vida amorosa de los seres humanos es larga y compleja. El impulso de amar sólo termina con la muerte. Ese largo camino amoroso está lleno de momentos de felicidad y de momentos de tristeza. Debemos estar preparados para disfrutar con alegría y agradecimiento los momentos de felicidad y con paciencia y serenidad los momentos de tristeza. (p. 84)

 2004  El miércoles 20 de octubre, la Universidad Nacional Abierta, en convenio con la Fundación CELARG y Monte Ávila Editores Latinoamericana, presenta, en la Casa Rómulo Gallegos, de Caracas,  el video Carlos Noguera, en su serie Señales de Identidad, en donde el poeta confesaría:

Desde  muy joven me entregué a la tarea (¿oficio?, ¿pasión?, ¿condena?) de escribir, como a un juego, divertido y desaprensivo, con una ignorancia absoluta, tanto del oficio como de los motivos que me impulsaban a acometerlo. ¿Por qué se escribe? Por juego y por goce, sí, y, a la par, por una inmersión inevitable en la muerte y por un insaciado anhelo de identidad: el asalto a un universo alternativo que borra las fronteras que separan el deseo del éxtasis y nos sobrepone a la limitación de la vida que nos ha sido dada.

LOS CRISTALES DE LA NOCHE:

LAS VOCES DE SIEMPRE EXTIENDEN LOS LÍMITES

2005 La colección Alfaguara, de Santillana Ediciones, publica Los cristales de la noche, su quinta novela. En estas páginas el autor prolonga sus pulsiones, temas, ambientes y personajes, en una reiterada metáfora de la realidad urbana y de la sexualidad del ser. De nuevo recorremos lugares en donde germinan formas narrativas y poéticas que hurgan zonas oscuras de la psique y la conducta de sus protagonistas. En estas páginas el autor dibuja un conjunto de órbitas elípticas, ambiciosas pero precisas, de una precisión ardorosa, áspera, matemática. Los textos, como escudos reincidentes, son metales consagrados a la epifanía de la vida. Allí la indagación ontológica halaga un erotismo sin prisas ni precipitaciones en el cual vemos los mil perfiles donde el poeta se ha contemplado y ha sentido la más intenso y entrañable de las reminiscencias:

Y, por supuesto, los ojos, dos enormes almendras grisverdosas que, a no dudar, tenían que haber sido sacadas del rostro, trabajados en una retorta alquímica – condensación, sublimación, materialización – y reinstalados finalmente en sus cuencas para producir el efecto que remataba el conjunto. A pesar del impacto, Arturo entendió que la seducción no se reducía a un asunto de belleza, y que el magnetismo que la silueta prodigaba sin proponérselo se ubicaba más allá de esa categoría, pueril en este caso. (p. 89)

Aquí está de nuevo la ciudad: el imaginario urbano es un pacto de representación en el cual se asimila el uso de nombres, de ordenamientos espaciales, de reacomodos por el sentido de pertenencia de sus habitantes a su territorio. Líneas de fuerza que se cruzan, se atraen, se repelen; líneas de fuga entre lo interior y lo exterior, las cuales abren las puertas del éxodo del sujeto,  quien comienza ahora a añorar lo externo:

¿Ruta? La habitual cuando se trataba de regresar de la Central a su casa: Tres Gracias, Chaguaramos, principal de Santa Mónica y subir la colina trepando por la Blanco Fombona. Un trayecto que podía practicar con los ojos vendados. Quizás por eso el descuido. Nada, que se comió el rojo de la Simón Planas como si estuviera cruzando la entrada del apartamento. La Simón Planas, ya sabías, baja a la autopista de El Valle.  (p.99)

 2005  Es finalista en el XIV Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, con La flor escrita. El Ministerio de la Cultura, en su Colección Premios Nacionales, edita el libro Carlos Noguera: el juego, la pasión y la nostalgia, de Julio Rafael Silva, en donde este autor anota:

En las obras de Noguera, el lenguaje va y viene en una rítmica peregrinación: del dolor a la angustia, de la desolación a la esperanza, del júbilo a la duda. Como agua que agitada por un molino inmenso estruja la incesante vendimia, el aluvión expresivo se descubre en la evidencia irresistible. Y, contra toda negación, afirma su fe en el diálogo íntimo, en la imagen hermosamente fresca y solícita de lo erótico. (pp. 33-34)

2007  En entrevista con Rodrigo Blanco, el escritor afirmará:

 Escribo en cafés, a mano, con un bolígrafo y una libreta sin rayas. Después paso a computadora. También puedo escribir en cualquier parte, por supuesto. Yo siempre digo que la laptop más transportable es una libreta. Por ejemplo: yo puedo escribir en mi libreta mientras estoy en la cola de un banco, o en un aeropuerto. Aunque la mayor parte del tiempo escribo en cafés, especialmente en terrazas de cafés. Esto tiene una razón, y es que si yo llego al final del día a mi casa, me duermo. Mientras que si me voy a un sitio donde está circulando la gente y hay ruidos que no me involucran, pues entonces puedo escribir. Yo he desarrollado la posibilidad de aislarme en un sitio ruidoso, lo cual me impide además quedarme dormido. Y claro, aunque no puedo tener la documentación a mano, como diccionarios o enciclopedias, pues hago anotaciones y luego busco lo que necesito en casa. No es mayor problema. Me gusta mucho escribir de esa manera, y es lo que hago permanentemente. Esa es la imagen de escritor que yo tengo. (Noguera, en Blanco  2007: 5)

CRÓNICA DE LOS FUEGOS CELESTES:

EL VERBO Y EL AMOR PROLONGAN EL VIAJE

 2010  En Crónica de los fuegos celestes, su última novela, publicada en 2010 por Fondo Editorial del ALBA,  Carlos Noguera sigue siendo absolutamente fiel a sus propósitos, coherente en su discurso narrativo, en sus ambientes, tramas y personajes. Ahora, el autor entrega una constelación de imágenes que respira sobre la superficie  pulimentada de sus textos, situándose en una zona de sumo equilibrio creativo que atestigua una muy profunda serenidad poética: 100

Aníbal miró en picada hacia la calle. El ruido del comercio y la locura atronadora del centro llegaban con la música de una trepidación sorda. El tráfico, el pregón, los buhoneros, la rumba de los vendedores de discos quemados, se mezclaban en una ola confusa que subía por ráfagas hasta el balcón. Sí, era posible que alguien no acostumbrado a las alturas pudiera marearse al mirar al vacío. En el saledizo no cabía una mesa, pero la solución era simple: mirar hacia el horizonte urbano y, más allá, hacia la montaña enturbiada por el smog.  (p. 441)

2012  El sábado 21 de julio, en los salones del CELARG, en Caracas,  Carlos Noguera participa, junto a otros escritores, como Luis Alberto Crespo, en la tertulia Vacílate al Quijote, encuentro de lectores en torno a la obra de Miguel de Cervantes y otros autores clásicos y contemporáneos. Allí dirá el escritor:

El Quijote es una obra estelar, es un monumento de inventiva humana de creación y recreación de nuestro idioma; yo diría que incluso representa la fundación de un tipo y manejo del idioma, en primer lugar, el literario: el que sirvió de pasta para escribir ese portento. Hoy usamos giros retóricos, enfáticos que atrapan la atención, que se expresan en refranes, metáforas, tropos, chistes, comparaciones procedentes de El Quijote sin que la gente lo sepa.

2014   El jueves 20 de marzo, en entrevista concedida al programa Voces y letras de Venezuela, del Centro Nacional del Libro, el poeta expresaría estas (¿premonitorias?) frases:

Yo, que terminé siendo un narrador, soy un gran lector de poesía. Siempre lo he sido, desde mi infancia. Yo no concibo la vida sin la literatura, sin la creación, sin la lectura. Para mí, la escritura y la lectura constituyen una portentosa posibilidad de ensanchar mis referencias y mis horizontes. No concibo mi vida sin escribir. Hasta el último minuto de mi existencia, escribiré, porque para mí la escritura ha sido un rito personal, una bendición pagana, una dicha extrema.

2015  En Caracas, al amanecer el martes 3 de febrero, el apasionado y bondadoso corazón del escritor dejaría de latir, luego de una larga y penosa enfermedad. Su deceso ha sido un duro golpe para lo más conspicuo, bueno y digno de la cultura y de la  Universidad venezolanas, porque Carlos Noguera fue no solamente un poeta, un narrador, un ensayista, un gerente cultural de incuestionables méritos,  sino,  sobre todo y antes que nada, un universitario integral, un educador insigne que deja un hondo vacío en la Academia y en el país nacional.

BREVES NOTAS PARA UNA DESPEDIDA

 Con estas Breves notas para una despedida quisiéramos concluir nuestro peregrinaje arbitrario por las páginas y los días de Carlos Noguera,  recorrido que hemos hecho provistos apenas con las herramientas del afecto y la pasión, más que de la razón, perpetrando una lectura de sus búsquedas expresivas y rastreando los procedimientos que puso en práctica para alcanzar lo humano, las diversas instancias en las cuales el autor se detuvo para aprehender lo insólito, registrar la historia, celebrar la anécdota o lamentar el desamparo. Y  en este transitar pudimos comprobar que el oficio poético, la pasión creadora, el pensamiento y la fabulación de este juglar logró penetrar en la tremenda vulnerabilidad del venezolano, del latinoamericano y del hombre planetario, en la epifanía de sus triunfos y en la tragicidad de sus derrumbes, en un estilo literario que va más allá de lo epidérmico hasta fundirse en el conocimiento extático a través de la revelación poética, la profundidad filosófica y la incandescencia mística.

Sobre la narrativa de Carlos Noguera anotará José Napoleón Oropeza, en su obra Para fijar un rostro  (1984):

En las obras de Noguera, los temas, recurrentes pero espejeantes tienden tan sólo a reafirmar esa unidad ordenada y armonizada por la coherencia con que cada una de las partes se anula en cualquier momento: hay instantes en que pareciera que algo quedara como un cabo suelto, pero más atrás o adelante, al devolverse, esa idea, espacio, alcanza la unidad que la atrae: el cuerpo del texto se asienta a su vez sobre él y ese instante o espacio queda como doble escusa: añade una temática más y otras, es una línea más del espiral que muestra un rasgo o carácter del personaje. (p. 117)

Sobre la obra literaria de Carlos Noguera ha dicho la escritora Stefania Mosca, en su texto “La obra literaria de Carlos Noguera”, publicado en La Jiribilla, revista digital cubana, número 241, del 17 de diciembre de 2005, que:

En las obras de Carlos Noguera la vida es diseccionada con la pasión de un taxidermista, y cada una de sus partes es vista en todo su espesor.  La intertextualidad, el humor y el testimonio son formas que acuden al espacio literario, y los agregados del autor son guiños para el lector y elementos de su retrato, entre los personajes que aparecen en el fresco que su mano ejecuta. Destaca también el deseo, su agilidad, sus mutaciones o, mejor, sus metonimias. Desde esa compuerta esquiva y elemental, nace y fluye la escritura. Allí nacen los personajes, allí se proponen la existencia, allí también el compromiso(Mosca, 2005: 12)

Y Luis Yslas Prado,  en el Diccionario General de la Literatura Venezolana (2013), anotará:

Las páginas de Noguera son ventanas abiertas por las que el lector se asoma a territorios multiformes, con estructuras cambiantes y voces distintas, pero elaboradas todas desde una conciencia estética común: la recodificación novelística de un momento histórico venezolano despojado de simulacros idealistas y, también, fatalistas. Una invención que es también una versión muy personal de una época y, sobre todo, de una sociedad inmersa en un proceso que significó, para muchos, el declive de un ideal, y la caída estrepitosa de, quizá, los últimos sueños colectivos que tuvo la juventud venezolana del siglo XX. (p. 411)

Nos gustaría despedirnos, por ahora, del poeta Carlos Noguera, evocando las magistrales palabras de otro bardo, singular, nuestro recordado Eugenio Montejo, quien, en su conocida obra La ventana oblicua (de 1974) expresaría:

 La huella más honda que deja un hombre a su paso por la vida está representada por la mancha de tinta de su propia escritura. Esos trazos, esos rasgos que toman como pretexto el empleo de un determinado alfabeto, le dan forma al mapa de su existencia y constituyen su única justificación de haber vivido aquí ahora, cualquiera sea su ahora, y tal vez sólo por ello valga la pena haber venido a la tierra.  (p. 65)

MUCHAS GRACIAS…

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