Investigadores llegan a Wuhan para aclarar muerte del médico Li Wenliang

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En medio de una inusual tormenta de críticas por la gestión de la epidemia del coronavirus, y en particular por la paradójica muerte del médico Li Wenliang, el primero en dar la alarma y ser reprendido después por las autoridades por difundir rumores, llegó a Wuhan el equipo que investigará su fallecimiento, la información la dio a conocer la agencia de noticias EFE.

 

El grupo, enviado a Wuhan por la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria, realizará las pesquisas de manera concienzuda, relacionadas con la muerte del especialista.

 

Así lo informó el propio organismo, espoleado por el descontento popular particularmente patente en las redes sociales desde el jueves en la noche cuando comenzaron los rumores del fallecimiento.

 

La muerte de Li Wenliang se convirtió en una farsa en China, y el régimen que lo reprendió por alertar a su compañeros y amigos de que tomaran precauciones ante una posible nueva enfermedad se hace eco de su duelo a través de la prensa estatal.

 

«La nación guarda luto por la muerte del médico que sucumbió al virus», titula este sábado el China Daily, por ejemplo.

 

Carta abierta por libertad de expresión

En un acto de valentía, cuyas consecuencias tienden a ser funestas en China, el profesor de la Universidad Normal de Wuhan Tang Yiming y otros colegas de profesión emitieron una carta abierta. Sin destinatario, pero con un mensaje claramente dirigido a las autoridades.

 

«Si las palabras del médico Li Wenliang no se hubieran considerado rumores, si cada ciudadano estuviera autorizado a hacer uso de su derecho de decir la verdad, no estaríamos en este desastre. No tendríamos una catástrofe nacional de impacto internacional», reza la carta, citada por el rotativo hongkonés South China Morning Post.

 

Entre otras demandas la carta exige una disculpa por lo acontecido, un gesto al que Pekín no tiene acostumbrados a sus ciudadanos.

 

No es la única carta abierta. Otra, firmada por varios profesores universitarios y académicos, solicita la declaración del 6 de febrero como el Día de Li Wenliang.

 

Además, una garantía que proteja el derecho a la libertad de expresión, recogido en el artículo 35 de la Constitución de China, pero en la práctica limitado por numerosos usos y abusos legales.

 

«Durante 30 años los chinos han tenido que renunciar a su libertad a cambio de la seguridad. Ahora son presas de una crisis sanitaria y están menos seguros que nunca», expresa el texto.

 

Y después, añade: «Es hora de acabar con esto. Donde no hay libertad de expresión, no hay seguridad».

 

Otro «hospital exprés» en funcionamiento

Mientras tanto, continúa la lucha contra el coronavirus en Wuhan, cuna del brote y que acumula la mayoría de los muertos e infectados en la provincia de Hubei, de la que la citada ciudad es capital.

 

Así, este sábado comenzó a funcionar el segundo de los hospitales exprés que se construyó en apenas unos días: el de Leishenshan.

 

Al igual que el recientemente inaugurado hospital provisional de Huoshenshan, se trata de un centro médico construido con barracones prefabricados, aunque Leishenshan cuenta con mayor capacidad: 1.600 camas.

 

En el centro asistencial se tratará solo a pacientes diagnosticados de neumonía de Wuhan, causada por el coronavirus, que hasta el momento deja aproximadamente 722 muertos y 34.546 contagiados.

 

Este sábado también se conocieron las primeras víctimas extranjeras del coronavirus, ambas fallecidas en Wuhan.

 

Se trata de dos varones sexagenarios, uno estadounidense y otro japonés. En el caso del japonés no se ha podido confirmar por completo que su fallecimiento se deba al coronavirus, aunque Tokio aseguró contar con suficientes sospechas.

 

Cuarentena obligatoria en Hong Kong

Fuera de Wuhan y de la provincia de Hubei, epicentro de la epidemia, la prensa estatal destacó que el número de nuevos contagios diagnosticados está en declive: 890 nuevos infectados el lunes; 731, el martes; 707, el miércoles; 696, el jueves y 558, el viernes.

 

Pero a pesar de este esperanzador dato diho a priori, las autoridades Hong Kong quieren minimizar riesgos de contagios en la ciudad semiautónoma, donde la población tiene al gobierno local en el disparadero por su supuesta laxitud en la respuesta a esta crisis.

 

En Hong Kong pesa aún el recuerdo del Síndrome Respiratorio Agudo y Grave, que causó en la ciudad casi 300 muertos, cuando en todo el mundo hubo 700 personas.

 

Por eso, desde la medianoche entró en vigor una norma que exigirá que toda persona procedente de la China continental se someta a una cuarentena de 14 días, tiempo de incubación del coronavirus y período en el que se puede asimismo contagiar a otras personas.

 

¿Las consecuencias de infringir la medida? Penas  hasta de seis meses de cárcel o multas de 25.000 dólares hongkoneses.

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