VENEZUELA 2020: LAS CONDICIONES DE VIDA, LAS PERSPECTIVAS ALIMENTARIAS Y LA PANDEMIA CHINA

0
379

Dr. Andrew Torres

(Parte I de II).- El pasado Martes 07 de Julio fueron presentados los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) edición 2019-2020, la cual es una metodología internacional que aplican desde el año 2014 de manera tesonera investigadores de las universidades nacionales UCV, UCAB y USB para determinar tal como su nombre la situación en la que viven los ciudadanos de un país y dichos resultados certifican que se ha agravado dramáticamente la vida en un entorno en donde reina la anarquía, con un gobierno constitucional impedido de ejercer, un gobierno de facto que viola sistemáticamente los DDHH (ratificado recientemente por informe de la comisionaduría de derechos humanos de la ONU) y una comunidad internacional que permanece “aparentemente impávida” observando la tragedia venezolana ya categorizada como Emergencia Humanitaria Compleja (EHC).

Los primeros datos confirman el crecimiento de la Pobreza ya estructural año tras año, a 96,3 % en términos conceptuales (aquellos que viven con menos de US$ 2 al día) y en 79 % la Pobreza extrema por los que no cubren a diario las mínimas necesidades nutricionales. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para el año 1982 cuando se inició el quiebre económico venezolano tras aquel “Viernes negro” la pobreza estaba en 32 % y la extrema no llegaba a dos dígitos, luego, en 1998 la pobreza alcanzó 52 %. O sea, en aquellos 16 años de la IV república con alternancia democrática la pobreza subió 20 % y tras 21 años de la V república del mismo gobierno socialista se disparó 44 % adicional según los resultados recientes de la Encovi.

Lógicamente, tras la destrucción de nuestra economía en general por quiebre de nuestro emporio petrolero signado en Pdvsa, de la industria de la construcción, reducción de la manufactura y de la agricultura, lo que se resume en una economía que en el período 2013-2019 se achicó a solo 33 % de su punto inicial. En la presentación de la Encovi 2019-2020, se dejó ver que el 79,3 % de los hogares no cubren con sus ingresos la canasta básica alimentaria y de hecho un 68 % de los venezolanos consumen menos de 2.000 calorías diarias (para este trópico este valor no debería ser inferior a las 2.700 según los nutricionistas). El consumo promedio de proteínas es de solo 34,3 %. En consecuencia, el 70 % de los hogares reporta inseguridad alimentaria grave y moderada. Más preocupante aún, el 30 % de los niños padece desnutrición crónica y de allí que cerca de 200 mil niños menores de 5 años sufren de desnutrición con las consecuencias para el resto de sus vidas y de pérdidas de oportunidades para el país y que ya se registra con una subida de la tasa de mortalidad infantil a 26 por 1000.

Adicionalmente, 4 millones de 2 niños (casi 20 % de la población que permanece en territorio venezolano) está en situación de vulnerabilidad sin garantía de su derecho constitucional a la educación, solo 60 % consigue asistir a clases, apenas 28 % recibe ocasionalmente el beneficio del Plan de Alimentación Escolar (PAE), la mayoría de la población más pobre no completa estudios de bachillerato y la cobertura universitaria bajò a menos de la mitad de lo proyectado para estos años. No son datos extraños a la vida que llevamos en Venezuela, ya vivimos la pérdida de 12 kilogramos de peso por habitante reportada hace un par de años por la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO), observamos en las escuelas la caída estrepitosa de la matrícula escolar y el vaciado estudiantil en las universidades nacionales ante la imposibilidad de mantenerse los estudiantes en clases debido a que el “sistema universitario actual” se ha convertido en excluyente carente de los servicios de transporte estudiantil, sin comedor, sin becas aceptables, sin servicio bibliotecario, sin los tradicionales HCM, con deserción profesoral ante el sometimiento a salarios míseros que contravienen la ley de universidades vigente y los reclamos gremiales de la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (Fapuv). Sí, todo lo anterior junto a un sistema sanitario inexistente y el colapso de los servicios públicos (agua potable, gas doméstico, electricidad, telecomunicaciones, identificación, transporte, combustibles, retrogradación del aseo y saneamiento urbanos, etc.) y la FAO alertando que Venezuela es el 4to. País en el mundo en ruta a una inminente hambruna, lo que ha gestado la EHC que ha llevado a que más de 6 millones de venezolanos hayan emigrado.

También, presenta la Encovi que el 44 % de la población económicamente activa está desempleada, 19 % de los hogares reportan que tienen familiares emigrados, además, que la población migrante mayoritaria está en el grupo etario 15-29 años y creciendo el grupo 30-40 años, lo cual explica que el Producto Interno Bruto (PIB) se haya desplomado 70 estos últimos 7 años. Acaso no es de esperar a la vuelta de una década un bajón generacional, por partida de los recursos humanos que por naturaleza deberían ocupar cargos y constituirse en el relevo en la edificación y gestión del país, y si a lo expuesto sumamos la baja capacidad de una población sub-alimentada que se queda en el país y que ya acusa reducción de la Esperanza de Vida, con una tendencia que no avizora una mejora en la gestión pública ni privada (por un régimen político que ahuyenta las inversiones y tecnologías para mejora de la calidad de vida) sino en una crisis humanitaria y demográfica de proporciones dantescas que amenazan la propia vida republicana.

Con el oscuro presente descrito anteriormente, se acentúa la caída de la producción agroalimentaria y el errático desempeño en el primer semestre de este año de cara a lo que debería ser la 3 “gran siembra de invierno”, ante la escasez de combustibles, insumos agropecuarios, inseguridad en el campo y de certidumbre económica a la inversión. Por citar algunos, la producción de caña de azúcar cayó este año un 44 % respecto a la de 2017-2018, el girasol desapareció, el arroz de verano resultó una octava parte de lo esperable, en café no se produce ni lo que se exportaba en 1998 (unos 350 mil quintales), el rebaño bovino ha continuado decreciendo, la pesca artesanal e industrial está signada por el colapso (Fedeagro, F. Camino e investigación de campo) y la actual siembra maicera parece no reportará ni 10 % de las necesidades nacionales con unas pérdidas del 90 % en las primeras siembras debido a la sequía y el gusano cogollero por no aplicación de plaguicidas por la consabida escasez. El colmo, a inicios de año la intervención gubernamental de algunas agroindustrias icónicas (Alimentos Polar, Coposa, Plumrose, etc.) con la explicación de asegurar abastecer el programa gubernamental CLAP con pagos regulados y a crédito en una ya galopante inflación de precios por un entorno lleno de incertidumbre, rezagado e improductivo.

A mediados de año nos llega la pandemia del Coronavirus chino, Covid-19, con una población debidamente desmovilizada por decreto y más por escasez de gasolina, diezmada en su condición física y atención sanitaria como ha sido detallado antes por su baja ingesta alimentaria, inaccesibilidad a fármacos con un depauperado poder adquisitivo, precario saneamiento con inexistencia del servicio de agua debidamente potabilizada. Nos quedará como ciudadanos la esperanza y la opción de resistir esta oscuridad sabiendo que “Tras una nube negra, hay un sol que brilla para todos”. En un próximo artículo plantearemos acciones de política para cambiar esta panorámica como lo haremos, con la venia de Dios.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí